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L. RONALD
HUBBARD
LA INFLUENCIA QUE SU OBRA HA TENIDO EN EL MUNDO
DIANÉTICA Y UNA NUEVA VISIÓN
Este era, pues, el mundo que encaraba L. Ronald Hubbard en mayo de 1950 cuando publicó Dianética: La ciencia moderna de la salud mental con su rotunda proclamación de que, no sólo era flexible la inteligencia, sino que además
podía incrementarse con las sencillas técnicas de Dianética. Adicionalmente y esto era especialmente asombroso , también se podía mejorar la inteligencia más allá de los límites normalmente imaginados.
La clave para desbloquear la capacidad del ser humano para razonar fue el descubrimiento del engrama, la mente reactiva y Dianética propiamente dicha. En el verano de 1950, la fundación Hubbard comprobó y midió los aumentos en la inteligencia relacionados con la auditación. Los resultados fueron cuando menos sorprendentes: miles de testimonios corroboraron estas ganancias, y los consiguientes comentarios de boca en boca socavaron la piedra angular de la escuela de el hombre proviene del lodo. La corriente de pensamiento sobre este tema cambió de forma tan rápida y radical, que incluso la comunidad de estudiosos de la salud mental, firmemente enraizados en la teoría genética, llegaron a abrazar la idea de que la inteligencia se podía incrementar. A finales de la década de los 50, incluso el notorio conductista B. F. Skinner había declarado que se podía modificar la inteligencia. Mientras tanto, Dianética siguió siendo ampliamente usada por el hombre de la calle, y pronto se esparció la idea de que podía aumentar sus capacidades, desbordando las torres de marfil del saber para convertirse en un hecho generalmente aceptado. Como prueba de lo hondo que había calado en la sociedad este gran descubrimiento de L. Ronald Hubbard, baste con referirse a la polémica suscitada por la publicación de La curva de campana: Inteligencia y estructura de clase en la vida norteamericana, en 1994. Los autores de este libro intentaban en vano presentar pruebas que apoyaran la teoría de que la inteligencia era hereditaria, fija e imposible de cambiar. Casi de forma instantánea, los autores fueron incinerados en la pira intelectual, al ser censurada su obra por educadores que adjuntaban un inconmensurable número de pruebas que demostraban de modo irrefutable que el coeficiente de inteligencia podía aumentarse: un hecho considerado ya de dominio público por aquel entonces. La violenta reacción en su contra experimentada por los autores de La curva de campana constituye un testimonio de cómo un único descubrimiento realizado por un solo hombre puede invertir completamente el statu quo en un período de menos de 50 años.

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