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LA TECNOLOGÍA DE ESTUDIO: EDUCACIÓN Y APRENDIZAJE EFECTIVOS
Una encuesta británica patrocinada por el Sunday Times de Londres, por ejemplo, encontró que el 42 por ciento de aquellos a quienes se entrevistó eran incapaces de sumar los precios del menú de una hamburguesa, patatas fritas, pastel de manzana y café. Uno de cada seis habitantes de la Gran Bretaña no podía localizarla correctamente en un mapa del mundo. Según informes oficiales y de los medios de comunicación, la pauta de descenso educativo es evidente en casi todos los países de Occidente, lugares donde, en otro tiempo, la excelencia de la educación pública se consideraba un hecho.
Estas cifras desalentadoras se traducen en un escenario económico deprimente por igual. En un ámbito internacional, el gasto que tienen las empresas por reducción o desperdicio de la productividad, por desempleo y por crimen, se estima en 300 mil millones de dólares anualmente. Se les obliga a desarrollar sus propios programas para remediarlo y para enseñar a los empleados las destrezas de lectura, escritura y cálculo básicas necesarias para funcionar en el trabajo.
Parece que no hay escasez de ideas ni de teorías sobre cómo llevar a cabo reformas educativas, pero los programas tienden a crear tantos problemas como los que resuelven.
Después de que la crisis de la educación se convirtiera en noticia de primera plana en los periódicos, los Estados Unidos, por ejemplo, instituyeron estrictas medidas de control y añadieron requisitos para las graduaciones basándose en la suposición de que un reto mayor mejoraría el trabajo de los estudiantes. Ocurrió lo contrario: estas medidas elevaron, en vez de disminuir, la proporción de deserción de las escuelas en algunas de las ciudades. El presidente de la Federación Americana de Profesores argumentó: Es ridículo subir el listón a niños que, para empezar, ni siquiera son capaces de saltar.

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