En Lascaux, Francia, 15.000 años antes de Cristo, el hombre primitivo pintó toros y otras imágenes en las paredes de lo más profundo de las cavernas. Su creencia fundamental sostenía que tales representaciones atraerían y pondrían a su alcance al animal vivo, y así garantizarían su éxito en la cacería.
Al igual que este hombre antiguo con su lanza primitiva en su intento por conquistar al bramante toro, los seres humanos, durante eones, han tratado de comprenderse a sí mismos y de comprender su relación con otros seres vivos y con el universo físico. Lo que se grabó en las pinturas de las cavernas, en las lápidas y en los mitos antiguos permanece como testimonio de esta búsqueda.